PALABREANTESER.org

viernes, marzo 16, 2007

Artículo I. INTRODUCTION A LA FILOSOFÍA DEL PSICOANÁLISIS

Artículo I. INTRODUCTION A LA FILOSOFÍA DEL PSICOANÁLISIS

La reputación de las cinco conferencias de Freud sobre el Psicoanálisis debe establecerse. Desde su traducción de 1921, se iniciaron en el psicoanálisis generaciones de estudiantes. Pero en un momento, mientras que se desarrollaba, con los años y las nuevas traducciones de obras, una lectura sabia apoyada en un corpus cada vez más extenso sobre el Psicoanálisis, termino por volverse un tipo de resumen escolar, incluso un medio conveniente para deshacerse de un pensamiento complejo y de su evolución, aplanándolo sobre algunas fórmulas que el talento pedagógico de Freud habían puesto amablemente allí a continuación. Fluidas y densas, estas cinco conferencias son por supuesto una introducción excelente al psicoanálisis freudiano, pero a condición de guardar en el espíritu algunas reservas, que vamos ahora a exponer.

Vienen, en primer lugar, las que hizo Freud respecto a su propio texto: sabemos que apenas se anima a fojas así las cosas, y que estas conferencias, pronunciadas en su práctica sin ninguna nota, una vez redactadas y suministradas al editor, él (Freud) no estuvo de ninguna manera contento. ¿Por qué? Porque 1909-1910 son años bisagras en la construcción de su teoría. Así pues, en medio de este trabajo, que seguía siendo una obra a pedido, Freud interrumpió su trabajo varias semanas para escribir uno de sus más profundos ensayos, un Recuerdo de infancia de Leonardo de Vinci, en el cual introduce, por primera vez, el término "narcisismo". Ahora bien, esta palabra estaba llamada, después de la Gran Guerra, a una formidable posteridad en lo que los exegetas de Freud llaman su "segunda tópica". Ahora bien esta última, consecuencia de una profunda reorganización teórica y práctica del psicoanálisis, se basa más en los tres términos rebatidos de la jerga freudiana, "yo", "Superyo" y "ello". Así pues, son cuatro conceptos-clave que están ausentes del texto. Y ello, indudablemente, debilita la convicción común que con “Sobre el Psicoanálisis”, se dispondría de ¡una entrada segura en la teoría psicoanalítica! Detrás de una aparición lisa y cuidada retóricamente, echo éste necesario por la voluntad de producir sobre la audiencia una impresión de respetabilidad científica se preparaban pues, profundas reorganizaciones conceptuales, otros problemas, otros problemas aún no formulados se perfilaban, todo esto en medio de vacilaciones fundamentales. Como se verá, en efecto, muchas oscuridades de las cinco conferencias dan prueba de dificultades que sólo debían ser solucionadas o al menos, vueltas manejables, por la invención de los conceptos que se acaba de mencionar, y que dieron al psicoanálisis una segunda respiración. Y seguramente es necesario conjeturar en transparencia, leyendo estas páginas, la sonrisa y la mirada enigmática de la Mona Lisa, que acompañaba por entonces diariamente a Freud.

En segundo lugar, es necesario situar este trabajo en el contexto clínico que era el suyo en la época, es decir, de los enfermos de los que se ocupaba, de las patologías originales que presentaban, y que debían explicarse. Al principio, así como Freud lo dice aquí, el psicoanálisis se había constituido entorno a los problemas planteados por una neurosis bien particular, la histeria. Y es proponiendo una etiología (es decir, una explicación de sus causas) revolucionaria, fundando un tratamiento no de los menos valiosos, con el que el psicoanálisis había conquistado su lugar en el campo psicopatológico. Ahora bien, los años 1909-1910 ven el agotamiento de esta vena. Freud escribe sobre el tema sus últimos artículos. En un sentido, la historia de Hans el pequeño muchacho fóbico dicha en la cuarta conferencia, no es más que la cola de este cometa: la fobia histérica por otra parte, en la época, se llama "de angustia". En cambio, en 1908, Freud había comenzado a recibir a un paciente muy impresionante, cuyo caso trabajó profundamente. Lo llama el "hombre a las ratas". Se trataba de un obsesivo, no sufriendo pues, como una histérica, de síntomas somáticos de origen psicológico, pero de representaciones obsesivas, puramente mentales aunque moralmente tan dolorosos. Enfrentar este caso fue la ocasión para Freud de modificar considerablemente su representación de los procesos inconscientes. Otro factor es también decisivo: Freud tuvo conocimiento, en el mismo período, del extraordinario caso del Presidente Schreber, un magistrado alemán, internado como loco, y cuyas Memorias describían con todo detalle el sistema delirante. Schreber no era un paciente de Freud, y este último sólo pudo estudiarlo leyendo su libro. Pero hizo con este motivo una decisiva incursión en el ámbito de las psicosis, es decir de los desordenes mentales principales y en general incapacitantes de los alienados. Se dio cuenta con este motivo de la pertinencia fundamental de sus teorías que, confirmaban la estructura del delirio de Schreber, aunque ningún tratamiento psicoanalítico podía, en similar caso, considerarse. Así, el psicoanálisis salía del estrecho marco de la psicoterapia, y entraba al mismo nivel en el ámbito de la psiquiatría. Ahora bien, hasta estos años 1909-1910 ninguna teoría de las enfermedades mentales, por entonces en debate, habían podido ofrecer una teoría detallada de las causas psíquicas de la locura. Así pues, y aunque este punto no aparezca en absoluto en “Sobre el Psicoanálisis”, es necesario poner la seguridad de Freud a la cuenta de las confirmaciones que pensaba encontrar en los trabajos de psiquiatras como el suizo Bleuler, inventor de la "esquizofrenia", trabajos que hacían de conceptos como representación, afecto y simbolismo sexual, un uso clínicamente fértil, y, a primera vista, respetuoso del psicoanálisis.
Leídas hoy, mucho tiempo después de estas proyecciones contemporáneas, nuestras Cinco conferencias parecerían más bien cerrar un período que, para el psicoanálisis, fue el de su primera elaboración, y decir poco y nada sobre áreas enteras, y claramente esenciales, de la doctrina completa de Freud.

No es menos lo que ofrecen éstas al filósofo, paradójicamente, una batería de conceptos y métodos de argumentación, cuya crítica (o incluso refutación) se deja transportar alrededor de todo el corpus freudiano. Ya que la polémica anti-freudiana sigue siendo aún hoy un campo de batalla en filosofía, en particular, en sus versiones críticas más racionalistas (Bouveresse, 1991, a proposito de Wittgenstein; Grünbaum, 1993, Popper, 1990). Que se trate de las condiciones del carácter científico del psicoanálisis, altamente reivindicado por Freud, del detalle de sus razonamientos, o aún de errores más sutiles que haría construyendo la idea de inconsciente, sobre el Psicoanálisis es suficiente para abastecer el debate: se encuentran todas las dificultades decisivas.
Este comentario se esfuerza en hacer ver el mayor número. No se trata con todo de exponer la teoría de Freud señalando en su lugar un rechazo de principio. Al contrario, es filosóficamente capital, parece, exponer ésta al debate argumentativo, único medio de hacer resaltar su profunda coherencia racional. En esto, plantear cuestiones de lógica al texto no es una clase de atentado contra un pensador del que se debería en primer lugar preocuparse de comprender que dice, antes de criticarlo. Ya que lo que dice Freud sólo se comprende derivando algunas consecuencias de sus tesis. Él mismo Freud nos ha animado, confesando que se probaba, que él mismo tropezaba, en la época, con dificultades que lo obligaban a evolucionar. Asi pues tenemos allí un preliminar a todo desarrollo posterior más ambicioso: en particular, a las tentativas de justificar las posiciones de Freud, digamos en segundo grado, vinculándolo indirectamente a tal o cual corriente de la filosofía tradicional, moral o estética, cuyo psicoanálisis sería un nuevo avatar. En consecuencia, es posteriormente solamente que llegará a discutir los grandes conceptos del texto a la luz de los filósofos que señalaron mucho el renacimiento de los estudios freudianos en Francia (entre los cuales está P. Ricoeur, 1965, a título de la hermenéutica, es decir, de la teoría de la interpretación).
Este desfase de los niveles de lectura no establece ninguna jerarquía implícita, asignando más valor a uno u otro enfoque. Es solamente un medio de destacar que el texto de Freud, si se quiere percibir el valor filosófico, no es directamente legible de ninguna manera; exige mediaciones. Y como no se trata de ninguna manera aquí de formar a futuros psicoanalistas en el psicoanálisis (lo que era uno de los objetivos de Freud pronunciado en sus conferencias), es necesario, ciertamente, volver visible el objeto empírico del que trata, y también volver más inteligibles los razonamientos puestos como pendientes. A partir de allí solamente, se podrán lanzar puentes hacia orillas supuestas más conocidas de los problemas cardinales de filosofía. ¿Qué es una ciencia? ¿Qué es un problema moral? ¿Qué pasa en el artista que crea? ¿Qué sentido tiene la existencia humana? Ninguna de estas cuestiones figuran como tales en el texto, pero se formulan constantemente.

Recordemos en efecto, después de todos aquellos que se interesaron filosóficamente por el psicoanálisis, que ésta no es filosofía, ni tampoco de la filosofía. Respecto a filosofía en general, y muy especialmente a la pretensión del epistemólogo sobre el deber de criticar al psicoanálisis, Freud tiene incluso, en la tercera conferencia, algunas frases muy duras, aunque regularmente mal comprendidas. Pero su doctrina proporciona al espíritu que quiere ejercerse un incomparable objeto de estudio, y un magnífico ejemplo de lo que puede la imaginación conceptual ante fenómenos profundamente opacos, pero de una gran densidad humana. Y como se verá que la pendiente última de la construcción de Freud es más ética que científica, sería tanto más hacerle injuria que monumentalizarlo como una producción eminente de nuestra cultura, sin haberle hecho el honor de interrogarle a fondo en cuanto a su verdad.
 


www.orlandovideo.net
Clasificación de sitios - ¡Inscriba el suyo!