PALABREANTESER.org

viernes, octubre 21, 2005

Didier Eribon

Ne croyez vous pas que le livre noir de la
psychanalyse a été écrit fondamentalement par les
conneries et inconsistances de les psychanalystes?
Dans un journal à Buenos Aires Eric Laurent parle de
que il y a qui veut voir la "disparition" des
psychanalystes. Peut-être la distance geographique
fait moins sensible à le poid du langage? Parler de
desaparición à propos des psychanalystes je crois que
c'était la banalisation du champs de concentration
argentins. Je ne sais pas si vous avez lu la
conference de Didier Eribon mais je crois que elle
était bien instructif au respect. Est-ce que elle
était aussi en francais?
Bien à vous
Adrian Ortiz

Publicado en el periódico mexicano Excelsior, en un
suplemento Cultural:

Didier Eribon
Sur cet instant fragile.
trad. Antonio Marquet

El siguiente fragmento reproduce las reflexiones de
Eribon sobre el lacanismo en ocasión de una
conferencia que pronunció en La Escuela de la Causa
Freudiana, en febrero de 2004.



9 de febrero
He sido invitado a pronunciar una conferencia en la
biblioteca de la Escuela de la Causa Freudiana. Cada
mes reciben a un conferencista. Y en vista de que dos
textos de mi recopilación Hérésies abordan el discurso
psicoanalítico, y sobre todo el discurso lacaniano de
ayer y de hoy, la responsable de esos encuentros,
Catherine Bonningue, me escribió para preguntarme si
aceptaría ir a hablar de ello, y, en general,
presentar mis trabajos recientes y la critica radical
que hago al psicoanálisis. Acepté.
La sala está llena (entonces ¿son tan numerosos?).
Titulé mi conferencia "Existe una vida intelectual
progresista en Francia?, en referencia irónica a un
libro tan minúsculo como pesadamente reaccionario
publicado recientemente por un miembro de esa
Escuela[1].
Primero recuerdo a qué punto el psicoanálisis ha
jugado el papel de instancia de conservación del orden
social en el curso de los últimos veinte años (ya sea
a propósito de las leyes sobre la bioética, del Pacs,
de la homoparentalidad, etc.). Los psicoanalistas (con
raras excepciones) se auto-instituyeron como expertos
de la vida social, sexual, familiar, y se comportan
como si les incumbiera decir qué es el derecho y hacer
la ley.
Cito algunos ejemplos de las afirmaciones
extravagantes hechas sobre la homosexualidad por
representantes de diferentes obediencias
psicoanalíticas. Por aquel, que en las columnas de la
Revue Francaise de Psychanalyse, deplora, al ver pasar
a la Gay Pride bajo sus ventanas, que se corre el
riesgo de que sea cada vez más difícil curar a los
homosexuales si deciden instalarse en la "denegación
de su drama" (es una cita), o también a ese otro que,
jugando a los profetas del Apocalipsis, anuncia que
los niños "simbólicamente modificados" (es decir
aquellos que fueron educados por padres del mismo
sexo) ya no sabrán hablar, puesto que el acceso al
lenguaje necesita ser construido por un padre y una
madre. La interrogante que se plantea es la siguiente:
¿Por qué esta violencia discursiva, por qué estas
idioteces que no son otra cosa que injurias con
respecto a las personas concernidas, pueden fácilmente
expresarse en todos los periódicos, en el radio, en
las revistas. por doquier? ¿En qué se ha convertido la
función del psicoanálisis para que pueda convocarse de
tal manera (y complacerse en responder a tal
convocatoria) en la arena política afín de asegurar el
control de las prácticas sociales, de legitimar el
orden establecido en nombre de un "saber" que exigiría
que uno se opusiera a las reivindicaciones que se
abren paso en la sociedad, e incluso en las vidas
reales que ya tienen su lugar en ella? Y ¿de qué
naturaleza es ese "saber"? ¿De dónde viene? ¿Qué es lo
que lo funda, o más bien qué es lo que funda su
eficacia?

Para aportar elementos de respuesta, se puede hacer un
rodeo por Lacan. Me pregunto en efecto si no sería
posible aplicar a la lectura de estos textos el marco
de análisis propuesto por Bourdieu en su libro sobre
Heidegger.
Bourdieu muestra que la obra filosófica de Heidegger
contiene a la vez un sistema patente y un sistema
oculto, no siendo el primero sino la puesta en forma
teórica del segundo. El discurso político de Heidegger
se eufemiza y enmascara por el efecto de "censura" que
impone la pertenencia al campo filosófico, pero el
sistema oculto aflora en ocasiones en el sistema
patente, autorizándose el autor a hacerlo subir a la
superficie. Me parece bastante evidente que es el caso
con Lacan, cuyo sistema oculto es una defensa de la
sociedad tradicional, con la preeminencia de los
hombres sobre las mujeres, y de la familia
tradicional; con la preeminencia del padre sobre la
madre. Lacan estaba obsesionado con la amenaza que en
su opinión representaba para la civilización lo que él
llamaba la "desvirilización" de los hombres y de la
sociedad (esto se transparenta muy claramente en los
textos del principio, como el de 1938 sobre Los
complejos familiares, antes del trabajo de
"eufemización" que lo conducirá a forjar las nociones
de Función Paternal, de Nombre-del-Padre.) Pero la
visión política que anima su trabajo, ocultada por la
reformulación teórica de los años 1950, resurge desde
el momento en que se trata de la homosexualidad. En
este caso, abandona todas las preocupaciones teóricas
para disertar mejor sobre los medios de "curar" a los
homosexuales.
El discurso de Lacan sobre la homosexualidad hace por
lo tanto que retorne lo reprimido, y nos permite
percibir la verdad profunda -reaccionaria,
masculinista y homófoba- de la construcción teórica en
su conjunto. En la medida en que el proyecto político
ha sido trasmutado en discurso científico, en
"Ciencia", en "Saber", la política puede reaparecer
abiertamente, puesto que se engalana de la legitimidad
de un discurso teórico fundado en Razón. Pero, incluso
en ese instante, el discurso teórico se devela por lo
que es realmente.

Ahora se nota muy bien: en la medida en que el
psicoanálisis ha logrado hacer olvidar que no es sino
la puesta en forma teórica de una concepción política,
los psicoanalistas pueden intervenir directamente en
la política, en tanto que "expertos", refiriéndose a
lo que enseña y prescribe la teoría puramente teórica,
y denunciando como ignorantes, ingenuos, groseros,
incluso bárbaros a quienes denuncian los objetivos
políticos de esas intervenciones con pretensiones
científicas. La fuerza política del psicoanálisis
proviene por lo tanto del hecho que ha logrado
transfigurar su inspiración política, su proyecto
político. Por el hecho de presentarse como un Saber
puro, que da cuenta de las estructuras intangibles
cuyas leyes tan solo descubren y exponen los
psicoanalistas, el discurso psicoanalítico de ayer y
de ahora puede invocar las reglas necesarias del
funcionamiento del espíritu humano para imponer su
manera de concebir la vida social. Es porque nos hace
creer que es una Ciencia que describe los principios
del acceso del niño a la cultura y al lenguaje, en una
palabra, al estatus de sujeto humano -siendo el
principio fundamental la "diferencia de los sexos- por
lo que esta ideología pseudo-científica puede imponer
su política.

Entre los discípulos de Lacan de ahora, hay, y este es
el caso de los miembros de la Escuela de la Causa
freudiana, quien ha renunciado a la pretensión de
"curar" a los homosexuales (no es seguro que sea
verdadero para todos los lacanianos., sin hablar de
las otras corrientes). Pero están obsesionados por el
movimiento gay y lésbico, que al parecer constituye un
verdadero problema para ellos. Varios artículos del
último número de su revista, La Cause freudianne,
dedicada a los "gays en análisis" traduce esta
perturbación (tanto mayor cuanto que han estado muy
perturbados por verse acusados de homofobia). Para
responder, de manera iterativa, a lo que he escrito,
son llevados a adoptar una estrategia bastante
ingenua, que consiste en retomar por su cuenta la
crítica de la "identidad" llevada al interior del
espacio gay y lésbico por teóricas como Judith Butler
y la corriente a la que se le ha llamado "teoría
queer". Al producir "identificación", el movimiento
gay colocaría a los homosexuales bajo la égida de un
"significante amo", mientras que la teoría queer,
deconstruyendo las identidades, permitiría privilegiar
las singularidades individuales. Y es precisamente eso
lo que haría por su parte el psicoanálisis. De tal
manera, el significante "gay", sería un yugo; el
psicoanálisis, una liberación, a la manera del
pensamiento "queer". De tal
forma encontramos al lacanismo proclamándose "queer"
contra quienes se proclaman gays. ¡Habráse visto!
Señalemos primero que resulta muy curioso que
psicoanalistas, que durante tanto tiempo (y esto aún
no se termina) encerraron a los gays y lesbianas en
categorías fijas y constringentes (la
"homosexualidad", los "perversos" de los que habla
Lacan), dirigen un reproche a un movimiento -y a las
autodesignaciones que produjo- cuyo objetivo era
precisamente escapar a ese dominio
psiquiátrico-psicoanalítico. Hay mil maneras de ser
"gay". La identificación cultural y política no impide
de ninguna manera que cada quien pueda acceder a su
"fantasma fundamental" o a su "goce" particular y el
"significante gay" no impone nada a nadie: ninguna
uniformidad, ninguna unidad (contrariamente a los
conceptos psicoanalíticos que son en su conjunto
"significados amo", por esencia). por el contrario:
tiende a crear las condiciones para que estas
singularidades sean reconocidas y puedan vivirse y
expresarse.
La misma Judith Butler no ha dejado de proclamar la
importancia de la identidad como punto de anclaje de
las movilizaciones, y siempre ha inscrito su trabajo
dentro del movimiento feminista y del movimiento gay y
lésbico (verdaderamente no hay que haberla leído para
pensar lo contrario). Su libro de 1990, Gender
trouble, nació en el espacio de la reflexión
feminista: y el género que propone allí evidentemente
no consiste en rechazar el movimiento feminista, sino
en rechazar la estrechez -y la homofobia- de tal
movimiento desde el momento en el que éste permanece
centrado en torno de la categoría "mujer", concebido
como un conjunto homogéneo, lo cual conduce a no
pensar "la opresión" padecida por "las mujeres" más
que en los términos de la jerarquía de los "géneros"
(los hombres oprimen a las mujeres) y nunca en los de
una opresión que se ejerce sobre ciertas identidades
sexuales o ciertas sexualidades. Para ella, como para
Gayle Rubin, se trataba de refutar al feminismo en la
medida en que rechaza ciertas identidades, como las
que se encuentran en las parejas lesbianas
butch-mujer, a quienes las feministas clásicas
acusaban de querer copiar los roles masculino y
femenino de las parejas heterosexuales. Múltiples
ideas coexisten, era urgente subvertir las
concepciones fijas de la identidad ("las mujeres")
para ampliar el movimiento feminista a todas aquellas
que escapan a las normas, a los esquemas dualistas.
(Por otro lado, debo señalar de paso que todo el
trabajo de Butler consistía en ese momento en oponerse
al feminismo diferencialista, al feminismo de la
"diferencia de los sexos" y en especial al que se
inspiraba en Lacan- sobre todo en Luce Irigaray. Por
lo tanto, sería paradójico que esta crítica radical y
antilacaniana de la "diferencia de los sexos" sea
recuperada ahora por los lacanianos, sin que eso tenga
la menor incidencia sobre el lugar central que
conceden al concepto de "diferencia de sexos".)
Se podría afirmar lo mismo de la relación de "queer"
con "gay" o "gay y lésbico". La "teoría queer", y me
permito recordar que fui yo quien la dio a conocer en
Francia al invitar al coloquio que organicé en
Baubourg en 1977, a Eve Kosofsky Sedgwick, cuya
ponencia se titulaba: "Construir significaciones
queer" y por otro lado considero que la única
contribución teórica francesa al pensamiento queer es
mi libro Una moral de lo minoritario) no tiene como
objetivo rechazar o abolir al movimiento gay y
lésbico, sino dar un lugar en este movimiento a una
multiplicidad de identidades, sobre todo para incluir
en él a los transgénero, a los bisexuales, etc.
Ciertamente hay en el pensamiento de Butler oposición
entre el individuo y la "comunidad" o el "movimiento"
gay y lésbico. Hay una extensión del movimiento y de
sus preocupaciones políticas.
En todo caso, corroborar que las identidades no son ni
fijas, ni estables, ni coherentes no significa de
ninguna manera que un movimiento político y cultural
pueda anclar sus movilizaciones en la "identificación"
aunque ésta sea parcial y provisoria. La convergencia
política es, en cambio, fundamental. Por consiguiente,
me parece evidente que La Cause freudienne usa
conservadoramente la "teoría queer" y la obra de
Butler. Uso que no dejaba de horrorizar a la misma
Butler.
Con toda evidencia, los autores de los artículos de
ese número imaginan que este acto de magia, a través
del cual los psicoanalistas se presentan ahora como
los agentes de una emancipación de los gays y de la
tutela del "significante" gay, va a permitir al
psicoanálisis recuperar su hegemonía, burlando a la
crítica gay que la había puesto en aprietos.
Su avidez por reclamarse de Judith Butler y de lo
"queer" tiene verdaderamente algo de sospechoso. Eso
sólo expresa su esperanza de que el "momento gay" pase
rápidamente. o lo que ellos consideran como el
"momento gay", como lo confiesa con mucha franqueza
Jacques-Alain Miller (que ironiza sobre el apremio que
muestran sus amigos. al mismo tiempo que se deja ir a
su vez), pues este "momento gay" les molesta mucho ya
que refuta radicalmente su poder, sus discursos.
En efecto, después de todo, ellos habrían podido
desarrollar, hace mucho tiempo, observaciones análogas
inspirándose en Deleuze y Guatari. Pero no lo
hicieron, sin duda porque eso hubiera podido resultar
más peligroso para ellos, en la medida en que no
hubieran podido hablar de la multiplicidad de los
deseos, de las singularidades, de la
"transversalidad", etc. Sin estar obligados de arrojar
por la borda el Edipo y la Castración. mientras que
ahora parece que van a poder pretender que son "queer"
sin modificar en nada sus conceptos, lo que dicen, lo
que hacen, lo que son: afirman que son "queer", pero
no renuncian para nada a todas esas nociones que
conforman el basamento -heterosexista y homófobo- de
la teoría analítica (Edipo, Castración, Falo.). Pero,
no estoy seguro de que eso sea posible para ellos.
Por otra parte es sintomático que al criticar de esta
manera al movimiento "gay", los artículos de ese
número de La Cause freudienne sólo se interesen en los
hombres. Si hubieran tomado en consideración a las
lesbianas, la cuestión de la "identificación", se
hubiera transformado de manera singular: más compleja,
menos comprensible. ¿De qué manera la participación
común en un movimiento conduciría a los hombres y las
mujeres a sub-sumar sus identidades, sus deseos, sus
fantasmas bajo un mismo "significante"? ¿Cuál es pues
la relación de las lesbianas con el "significante amo"
que sería la palabra "gay"? Acaso no refutaron
justamente ellas el uso de la palabra única para
designar a la vez a los hombres y a las mujeres,
llevando a una reflexión sobre el lugar de las
lesbianas en el movimiento gay y lésbico, sobre la
especificidad de sus vidas, de sus aspiraciones, de
sus deseos, de sus fantasmas (los cuales están, así
mismo, muy lejos de ser homogéneos y unificados). Por
ello espero un número especial sobre las lesbianas. Y
sobre todo, puesto que los lacanianos parecen estar
tan interesados en Judith Butler, en la "teoría queer"
y en las sexualidades "rebeldes" (que ahora vengan
lacanianos a recordar, contra el movimiento gay, que
existen sexualidades rebeldes resulta muy chusco),
espero también el número que no deberían dejar de
dedicar a los/las transexuales. Dados los horrores
retrógrados y liberticidas que hasta el momento han
escrito a ese respecto, me temo que aún tengan cierto
camino que recorrer antes de ser totalmente "queer".

Por otra parte, resulta divertido que puedan celebrar
a Judith Butler porque pone en tela de juicio a la
identidad gay proclamando al mismo tiempo una dudosa
admiración por el libro del fundamentalista religioso
Benny Lévy, Étre juif. Un coloquio de homenaje a este
último ha reunido recientemente a Jacques-Alain
Miller, Jean Claude Milner, Alain Finkilkraut,
Bernard-Henry Lévy. Divertido o más bien digno de
consternación, pues Judith Butler se define como una
"judía progresista", vinculada con los derechos de los
Palestinos, tampoco se entiende bien cómo podría estar
enrolada por (o al lado de) aquellos mismos que
celebran la política que sostiene el actual gobierno
israelí.
Para colmo, no se entiende bien cómo les sería posible
el hacer cohabitar, en el espacio de sus referencias
intelectuales, a Judith Butler, eminente intelectual,
radical y subversiva -que encarna el trabajo del
pensamiento-, y a esos fast-thinkers que también
describía Bourdieu en su libro sobre la televisión,
farsantes sin ideas, conformistas y conservadores,
como Bernard-Henry Lévy o Alain Finkilkraut- quienes
encarnan verdaderamente la derrota del pensamiento.
(Cuando se piensa que Lacan se daba como
interlocutores a Jakobson, Lévi-Strauss, Foucault.,
¡qué picada! ¡Qué delicuescencia!)

Por ello me pregunto, para concluir: ¿acaso no es
contra la Escuela de la Causa Freudiana y de sus
semejantes que pronto será preciso defender la
existencia de una vida progresista en Francia, e
incluso de una vida intelectual, a secas?

Las intervenciones que siguen a mi conferencia se
olvidan de mis referencias a las derivas políticas de
la Escuela de la Causa Freudiana, pero se concentran
de una manera compulsiva sobre los ataques que hice
contra Lacan. Las observaciones se despliegan según
dos ejes. En primer lugar, me dicen, no he hablado
sino de "Lacan I y Lacan II" pero que no conozco a
"Lacan III". En respuesta a tal objeción, hago
observar que, si me conceden que tengo razón en Lacan
I y Lacan II, ¿por qué no se desentienden de los
escritos de esos periodos? Y en la medida en que Lacan
III, si comprendí bien, sólo comienza en los años
1970, y que murió en 1981, finalmente sólo dejaría que
perdurara una muy pequeña parte de su obra. Después
les cito textos que pertenecen al periodo que ellos
definen como "Lacan III" y que casi no son más
atractivos que los otros. En ese momento se abre una
segunda línea de defensa: me dicen que no comprendo
nada de Lacan. Tengo la impresión que los lacanianos
se complacen en la exégesis: un texto nunca dice lo
que dice con toda evidencia, conviene siempre
interpretarlo, someterlo a la glosa infinita. Cada vez
que cito una frase, una fórmula de Lacan, me responden
que no significa lo que creo. Termino por señalarles a
mis interlocutores que resulta muy difícil dialogar,
en estas condiciones, puesto que las palabras no
tienen el mismo sentido para ellos y para mí. Es un
poco como si me encontrara en medio de una secta que
tuviera su propia lengua, sus palabras codificadas.

A pesar de todo, la atmósfera es muy cordial e incluso
bastante calurosa.

Después del encuentro, algunas personas se dan cita en
torno a una copa. Judith Miller me dice "Es verdad que
la Escuela de la Causa no se movilizó a favor del
Pacs. Se debe a que eso nos parecía una reivindicación
evidente. Nos equivocamos. Pero debimos haber
intervenido para reafirmar que lo que se decía en
nombre del psicoanálisis no podía haber sido dicho en
nombre del psicoanálisis." Le digo que ahora se pueden
comprometer por el derecho al matrimonio, por el
derecho a la adopción. Pero parece más reticente. Los
psicoanalistas siempre están retrasados con respecto a
la sociedad.
En el curso de la conversación, le recuerdo que su
madre, Sylvia Lacan, me había contado, como respuesta
a las preguntas que le había planteado en el momento
en que escribía mi biografía de Foucault, que ella se
acordaba perfectamente de una cena, en los años 1960,
durante el cual Foucault había declarado ante Lacan:
"No existirá civilización mientras no se autorice el
matrimonio entre hombres." (Foucault tenía una manera
de pensar la homosexualidad muy característica de los
gays de esa generación: no hablaba sino de
homosexuales masculinos. Pero evidentemente, la
afirmación significaba: "mientras el matrimonio entre
personas del mismo sexo.") Yo referí esa frase en mi
libro, y extrañamente, nadie la ha invocado nunca como
una de las tomas de posición de Foucault sobre esa
cuestión. Cierto es que referirse a Foucault en este
terreno -y sobre todo gente que se cuidaría de
referirse a él sobre otros temas-, siempre tiene la
función de oponerse a la reivindicación al derecho al
matrimonio. Sería interesante escribir un pequeño
estudio sobre los usos de Foucault, y sobre todo sobre
ese uso interdictivo, de conservadores de derecha y de
izquierda, en nombre de la "subversión" que se supone
que los gays encarnan y que están forzados a encarnar.


[1] . Jean-Claude Milner, Existe-t-il une vie
intellectuelle en France?, Lagrasse, Verdier, 2002.





Adrian Ortiz, Buenos Aires.
adrortiz@yahoo.com
ortizadrian@hotmail.com
adrianortiz@tutopia.com
aortiz@psi.uba.ar
adrortz@netscape.net
http://www.angelfire.com/ok/AdrianOrtizPoube
1551064192
54 11 48133564
 


www.orlandovideo.net
Clasificación de sitios - ¡Inscriba el suyo!